
Last Sunday morning I headed to Salisbury without great expectations. Summer solstice in Stonehenge. Yeah, it sounded good, but I wasn't hoping to see the sunrise. For my first time at the event, touching the stones and being literally in the middle of Stonehenge was more than enough. And luckily enough -for first time since 2003- the clear sky let us enjoy the sunrise. The magical atmosphere cannot be described with words. Since you get there, an ethereal feeling of belonging involves you. At a glance, the out of training eye might be a bit shocked by that Woodstock meets weirdos-convention that all this seems to be about. But after a little while, you can only perceive the magic and those edgy aesthetics became part of it. You better go next year and check it by yourself. It is said that the life-changing trips are always worth it. This is one of them.


El domingo pasado me dirigí hacia Salisbury sin ninguna expectativa. El solsticio de verano en Stonehenge. Sí, sonaba bien, pero yo no tenía ninguna esperanza de poder ver el amanecer. Para ser mi primer 20 de junio en Stonehenge, poder tocar las piedras y estar literalmente en el centro del monumento megalítico era más que suficiente. Y este año, por suerte para mí, y por primera vez desde el año 2003, el cielo despejado permitió ver a los presentes el increíble amanecer. La magia del ambiente no puede describirse con palabras. Desde que llegas un etéreo sentimiento de pertenencia te envuelve. A simple vista el ojo desentrenado puede pensar que ha ido a un acontecimiento en algún lugar entre Woodstock y una convención de raritos. Sin embargo, tras breves momentos lo único que se percibe es la magia y esa estética tan diferente de algunos de los asistentes ayuda. El próximo año mejor acudid y comprobad por vosotros mismos. Dicen que los viajes que cambian vidas siempre merecen la pena.





El domingo pasado me dirigí hacia Salisbury sin ninguna expectativa. El solsticio de verano en Stonehenge. Sí, sonaba bien, pero yo no tenía ninguna esperanza de poder ver el amanecer. Para ser mi primer 20 de junio en Stonehenge, poder tocar las piedras y estar literalmente en el centro del monumento megalítico era más que suficiente. Y este año, por suerte para mí, y por primera vez desde el año 2003, el cielo despejado permitió ver a los presentes el increíble amanecer. La magia del ambiente no puede describirse con palabras. Desde que llegas un etéreo sentimiento de pertenencia te envuelve. A simple vista el ojo desentrenado puede pensar que ha ido a un acontecimiento en algún lugar entre Woodstock y una convención de raritos. Sin embargo, tras breves momentos lo único que se percibe es la magia y esa estética tan diferente de algunos de los asistentes ayuda. El próximo año mejor acudid y comprobad por vosotros mismos. Dicen que los viajes que cambian vidas siempre merecen la pena.













